Hubieran visto la cara que hizo el profesor cuando dije que “bueno, si no voy, siempre puedo inventar algo como le hice con el del Castillo de Chapultepec” su cara se reía, pero por dentro había odio, muerte, destrucción y lo que más me duele decepción. Pero bueno ahora si me cae que fui al Palacio postal y si me pasa como a Pedro con el lobo pues entonces que así sea (karmaaaaaaaaa!):
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El edificio de correos de México por si mismo es un museo, es interesantísimo cómo fue que los arquitectos pensaron en cada uno de los detalles del edificio para que el servicio que diera fuera óptimo. Era la época en la que el mejor presidente que ha tenido México comunicaba todos los rincones de México con ferrocarriles y todas esas cosas en las que los presidentes deben pensar para el desarrollo de un país. Además de la belleza de todo el edificio y de lo delicioso que se ven sus mesas hechas con chocolate Hershey’s Cookies & Cream (mármol blanco) podemos observar en su interior uno de los primeros elevadores que hubo en el D.F.
Pero otra cosa es el museo que está adentro del edificio de correos de México, no me gustó en lo absoluto. Te reciben con una escultura fea de un “portador de nuevas” como dice en el cartel a un lado de la misma. Lo único que llama la atención es que la escultura es muy fea y en el cartel explican algo acerca de la trenza que tenían estos “súper atletas”. ¡La única forma de llevar noticias a otros lados era a patín! Y cuando eran tiempos de guerra el cartel explica que había veces que estos portadores de nuevas llegaban todos desgreñados y maltratados. Y con eso tenía la gente para saber que no había buenas noticias, ya ni siquiera preguntaban. Del mismo modo, ver llegar al cartero en buenas condiciones era señal de buenas noticias. El cartel no lo explica exactamente así, mentiría si les dijera que si, solo le di una leída “express” porque la escultura me llamaba a admirar su fealdad. Después podemos ver documentos con una caligrafía deprimente y poco interesantes que me hicieron pensar en como la gente, siempre me dice que mi letra es muy fea; obviamente jamás han ido a Correos de México, y con eso de que es el siglo 21 y el correo electrónico es lo de hoy, no lo dudo ni tantito.
Buzones viejos y máquinas expendedoras de estampillas postales es lo que sigue. No recuerdo denominaciones pero si recuerdo que pedían monedas de níquel, de plata y de otras. Unas eran más caras que otras por alguna extraña razón y no me consta, pero casi podría apostar que no ha faltado el “naco” que intenta meter una moneda para ver si todavía tiene estampillas y luego para colmo va y se queja que la máquina de 5 centavos no le dio su cambio alegando que su moneda era de un peso.
El recorrido no tarda más de 30 minutos pero la duda de ¿Para qué rayos servirán esas llavezotas que están debajo de cada ventana? Durará para toda la vida hasta que alguien pueda explicarlo.
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Lo que no le puse fue que ya cuando estábamos saliendo llego un camión de una escuela a hacer una visita y fácil había 4 chavas por cada wey ; bastante guapas todas ellas thank you very much yes!!
Cámaras dice el Mike!
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